Sólo necesitó 27 años para darse cuenta de que en realidad, no la quería. Cuando tuvo la certeza de que su otra mitad se había perdido por el camino, decidió hablar con ella. La citó en el restaurante de la esquina, donde siempre habían ido a celebrar su aniversario. De hecho, festejaban sus bodas de plata. Ella estaba bonita, era bonita, pero ya está, no había nada más tras esa mirada marina. Al mirarla, tan sonriente, esperando algún regalo de su parte, se preguntó qué había visto en aquella mujer hace 27 años. Y como no lograba recordarlo decidió preguntárselo sin ambages.
- Maribel, ¿te puedo preguntar algo?
- Claro, tesoro, dime.
- ¿Por qué me casé contigo?
- ¿Cómo dices?
- Eso, que por qué me casé contigo. Maribel, es que me he dado cuenta de que ya no te quiero, de que no eres mi otra mitad, y eso no es tan grave, nos divorciamos y ya está. Lo que me reconcome ahora mismo es no recordar qué te hacía especial a mis ojos, que provocó que te pidiera que fueras mi esposa. ¿Tú te acuerdas?
- Maribel, ¿te puedo preguntar algo?
- Claro, tesoro, dime.
- ¿Por qué me casé contigo?
- ¿Cómo dices?
- Eso, que por qué me casé contigo. Maribel, es que me he dado cuenta de que ya no te quiero, de que no eres mi otra mitad, y eso no es tan grave, nos divorciamos y ya está. Lo que me reconcome ahora mismo es no recordar qué te hacía especial a mis ojos, que provocó que te pidiera que fueras mi esposa. ¿Tú te acuerdas?

