jueves 26 de junio de 2008

Otrora

Sólo necesitó 27 años para darse cuenta de que en realidad, no la quería. Cuando tuvo la certeza de que su otra mitad se había perdido por el camino, decidió hablar con ella. La citó en el restaurante de la esquina, donde siempre habían ido a celebrar su aniversario. De hecho, festejaban sus bodas de plata. Ella estaba bonita, era bonita, pero ya está, no había nada más tras esa mirada marina. Al mirarla, tan sonriente, esperando algún regalo de su parte, se preguntó qué había visto en aquella mujer hace 27 años. Y como no lograba recordarlo decidió preguntárselo sin ambages.

- Maribel, ¿te puedo preguntar algo?
- Claro, tesoro, dime.
- ¿Por qué me casé contigo?
- ¿Cómo dices?
- Eso, que por qué me casé contigo. Maribel, es que me he dado cuenta de que ya no te quiero, de que no eres mi otra mitad, y eso no es tan grave, nos divorciamos y ya está. Lo que me reconcome ahora mismo es no recordar qué te hacía especial a mis ojos, que provocó que te pidiera que fueras mi esposa. ¿Tú te acuerdas?


martes 24 de junio de 2008

Test

Marigel me ha invitado a contestar este test (¡gracias por pensar en mí!). Así me conoceréis un poquito más ;)

Cuatro trabajos que he tenido:
1. Profesora particular
2. Representante comercial
3. Trabajé en unos cines (haciendo bocatas, con las palomitas y las gominotas), no sé qué sustantivo dar a esa profesión...
4. Periodista


Cuatro películas que puedo ver una y otra vez:
1. La princesa prometida
2. Los amantes del Círculo Polar
3. Amèlie
4. Los Gonnies

Cuatro lugares donde he vivido:
1. Madrid
2. Alicante
3. Nada más… :’(

Cuatro programas de TV queme gusta ver:
1. La verdad es que no veo la tele porque llego muy tarde de trabajar…

Cuatro lugares a los que he ido de vacaciones:
1. Cuba
2. Italia
3. Islas Canarias
4. Lisboa

Cuatro de mis comidas preferidas (mi gusto es infantil, avisados estáis):
1. Tortilla de patata
2. Solomillo
3. Macarrones
4. Yogur natural (azucarado, pero yo le echo el azúcar)

Cuatro sitios web que visito a diario:
1. Mis correos personales
2. Mi blog y los vuestros ;)
3. www.rae.es
4. www.google.es

Cuatro lugares donde quisiera estar ahora:
1. A los pies del Aneto
2. En la Playa de la Conchas (Isla de la Graciosa)
3. Subida en La lanzadera del Parque de Atracciones, a punto de caer al vacíoooooooo :P
4. En cualquier sitio contigo

Cuatro trabajos que te gustaría tener:
1. Observadora de estrellas
2. Funambulista
3. Exploradora
4. Marinera

Cuatro famosos que he conocido:
1. He visto a varios pero no he conocido a ninguno

Cuatro electrodomésticos que tengo, fuera de lo común:
1. Tuve una especie de horno sólo para pizzas, pero las dejaba a medio hacer, así que nos deshicimos de él
2. Cuchillo eléctrico
3. ¿Licuadora? La de espuma que hacía con el zumo de naranja…

Cuatro posibles primeras impresiones que causo:
1. Timidez
2. Fragilidad
3. Serenidad
4. Frialdad (qué le vamos a hacer)

Cuatro bebidas favoritas:
1. Agua fresca
2. Caña con limón
3. Sunny (el del tapón naranja)
4. Coca cola

Cuatro olores favoritos:
1. El del plástico recién estrenado (como, por ejemplo, de unos manguitos)
2. El de la crema solar
3. El del café (aunque no soporte su sabor)
4. White de Emporio Armani

Cuatro cosas que me encanta hacer y que no tienen que ver con mi carrera:
1. Inflar los mofletes y soltar el aire haciendo ruiditos
2. Recorrer las teclas de cualquier mando a distancia con mis dedos
3. Caminar por el borde de la acera como si fuera equilibrista
4. Soñar contigo antes de dormirme

Cuatro cosas para las que soy negada:
1. Bailar en pareja
2. Recortar un papel sin torcerme
3. Conseguir que el arroz no se pegue al fondo de la cacerola
4. Escoger el cercanías que antes me lleva a casa (tengo dos opciones, y cuando están los dos trenes en la estación, siempre me decanto por el que sale más tarde)

Cuatro cosas que colecciono:
1. Los libros de historia del arte de El País, de los jueves (a medias con T)

Cuatro canciones favoritas (hoy, mañana quién sabe):
1. Copenhague
2. Al respirar
3. Alta fidelidad
4. Clocks

Cuatro libros favoritos (el orden no lo sé):
1. En busca del tiempo perdido
2. Rayuela
3. El guardián entre el centeno
4. El túnel

Cuatro invitaciones para este cuestionario:
1. Winnie
2. Meike
3. Totito
4. Summer

viernes 20 de junio de 2008

Patxo

Hola, soy Patxo. Tú no me conoces pero, en verdad, todas las noches te vienes conmigo a la cama. La primera vez que te vi yo salía del banco, de realizar una transferencia para uno de los cursos de inglés de mis hijos, y tú estabas allí, apoyada en aquel coche rojo, como tu falda, esperando a alguien, con un libro entre las manos. No lograba separar mi mirada de tu cuerpo, por lo que te diste cuenta de que alguien te observaba. Entonces levantaste la vista del libro y me miraste. Como mis ojos seguían sin abandonarte, me dedicaste una tímida sonrisa, y seguiste con tu lectura. Entonces sentí el impulso de acercarme a ti, y eso hice. Deseaba quitarte el libro, dejarlo en el capó del coche, rodearte la cintura con mis brazos y anudarme a tu boca. Pero justo cuando estaba a tres metros de tus caderas, él se acercó a ti. Yo paré en seco y seguí observando. Cuando le viste, en un segundo colocaste el separa páginas en su sitio, cerraste el libro y te pegaste a su cuerpo como un tatuaje, mientras tus brazos se colgaban de su cuello y tus labios sonrientes se mezclaban con los suyos.

En ese momento en que le abrazaste a él, al otro, cuando apenas estabas a dos metros de mis brazos, aunque en realidad te sentía a ocho millones de años luz, entonces mi corazón dejó de bombear y la certeza de tu ausencia presente y futura me provocó pinchazos por todo el cuerpo. Tú no te diste cuenta, ni él tampoco, pero tuve que retroceder cinco pasos, hasta apoyarme en la fachada del banco, para no caerme y coger aire. Mientras lo hacía, no podía dejar de miraros, de mirarte, y de odiarle. Habías sido mía durante cinco segundos y ahora era él quien se llevaba el botín de besos y caricias.

lunes 16 de junio de 2008

Cerezas

El ruido no te deja verme, por más que no dejo de hacer piruetas en el aire. Mientras, tú sólo das vuelta con tu palillo despuntado a la aceituna de tu copa. No te das cuenta de que si me pierdes en este preciso instante, me volatilizaré para siempre. Perderás las caricias de lima, primavera en el Kilimanjaro, los abrazos de albornoz, la cascada de encaje y todas mis cerezas, rojas, dulces y carnosas.



martes 10 de junio de 2008

De repente, apareces y el vagón se ilumina. Muchos asientos están vacíos pero decides sentarte justo en el que está enfrente de mí y, sin querer, tu mochila me roza. Me pides perdón con la mirada y yo me quedo desconcertada al atrapar tus ojos, por lo que apenas consigo bajar la cabeza como señal de aprobación. Y el vagón se pone en marcha. Llevas unos tejanos claros, muy gastados, unas deportivas cómodas, nada que ver con las típicas Converse que lleva ahora la gente que quiere ir de cool, una sudadera gris oscura deportiva y debajo una camiseta hippie. Para matar el tiempo, o para despejar tu mente, escuchas un MP3, tranquilo, fijándote en la ventanilla que tienes justo enfrente de ti, detrás de mí. Yo no dejo de mirarte de forma esquiva, pero tratando de que te des cuenta de que te estoy observando. Alguna vez me cazas pero muy pocas. Estás completamente abstraído, con la mirada fija en la ventana. En una de las estaciones que compartimos, una chica con una minifalda de infarto se sienta a dos asientos de ti. Me fijo en ti para ver tu reacción. No la miras. Minutos después ella se levanta y yo te observo. Entonces si la miras pero como si no fuera más que una maleta, no hay deseo en tu mirada, y eso, no sé por qué, me tranquiliza.

No he hablado de tu cara. Eres guapo, moreno, con barba de varios días, el pelo corto, aunque no demasiado, ojos oscuros y labios perfectos. Tienes un lunar en una parte de la cara pero no consigo recordar si era en la nariz o en la barbilla. Creo que era a un lado de la nariz, ¿me equivoco?

Y tus manos. Según las miraba, mientras jugueteaban con el cable del MP3, deseaba levantarme, sentarme a tu lado y cogerlas, jugar con ellas, recorrer con mis dedos cada una de tus falanges, acariciar su dorso y medirlas con las mías. No sé qué habrías pensado si una completa desconocida te hubiera robado las manos de repente.

Fuiste la alegría del día. Gracias, desconocido de labios perfectos y manos increíbles.

domingo 8 de junio de 2008

-Todo eso se acabó, por supuesto.
-¿Cómo puedes saberlo?
-Lo sé. Sé que nunca más encontraré nada ni nadie que me inspire pasión. Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, al principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré.
-¿Por qué?
Me echa una mirada irónica y no responde.
-Ahora-dice-vivo rodeada por mis pasiones difuntas. Trato de recuperar aquel espléndido furor que me precipitó desde el tercer piso, a los doce años, un día que mi madre me azotó.
Agrega, sin relación aparente, con aire lejano:
-Tampoco es bueno para mí mirar demasiado tiempo los objetos. Los miro por saber qué son y tengo que apartar rápidamente los ojos.
-Pero, ¿por qué?
-Me dan asco.

La náusea
Jean-Paul Sastre

miércoles 4 de junio de 2008

En el metro

No es verdad que el nombre de Margrit o de Ana viniera después o que sea ahora una manera de diferenciarlas en la escritura, cosas así se daban decididas instantáneamente por el juego, quiero decir que de ninguna manera el reflejo en el vidrio de la ventanilla podía llamarse Ana, así como tampoco podía llamarse Margrit la muchacha sentada frente a mí sin mirarme, con los ojos perdidos en el hastío de ese interregno en el que todo el mundo parece consultar una zona de visión que no es la circundante, salvo los niños que miran fijo y de lleno en las cosas hasta el día en que les enseñan a situarse también en los intersticios, a mirar sin ver con esa ignorancia civil de toda apariencia vecina, de todo contacto sensible, cada uno instalado en su burbuja, alineado entre paréntesis, cuidando la vigencia del mínimo aire libre entre rodillas y codos ajenos, refugiándose en France-Soir o en libros de bolsillo aunque casi siempre como Ana, unos ojos situándose en el hueco entre lo verdaderamente mirable, en esa distancia neutra y estúpida que iba de mi cara a la del hombre concentrado en el Figaro.


Julio Cortázar