lunes 29 de septiembre de 2008

Interruptus


Lee estaba deprimido y destrozado. El calor y la risa del sábado por la noche habían desaparecido y no sabía por qué. En toda relación amorosa o de amistad, Lee intentaba establecer contacto en un nivel no verbal de intuición, un intercambio silencioso de pensamientos y sentimientos. Ahora Allerton había interrumpido de manera brusca el contacto, y Lee sentía dolor físico, como si a una parte suya que tímidamente se estiraba hacia el otro la hubieran cortado y mirara el muñón impresionado e incrédulo. […] Se levantó y salió. Caminaba despacio. Varias veces se apoyó en un árbol y miró hacia el suelo como si le doliera el estómago. Dentro de su apartamento se quitó el abrigo y los zapatos y se sentó en la cama. Le empezaba a doler la garganta y se le humedecieron los ojos y se derrumbó sobre la cama, sollozando convulsivamente. Levantó las rodillas y se tapó la cara con las manos, cerrando los puños. Cuando estaba amaneciendo giró, se puso boca arriba y se estiró. Los sollozos pararon y a la luz de la mañana la cara se le relajó.


Marica
William S. Burroughs

jueves 25 de septiembre de 2008

Fracaso

Las personas son como los piojos: se te meten bajo la piel y se entierran en ella. Te rascas y te rascas hasta hacerte sangre, pero no puedes despiojarte de una vez. Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastres, frustración, futilidad. Rascarse y rascarse… hasta que no quede piel. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero ver el mundo escacharrado, quiero que todo el mundo se rasque hasta morir.


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Cuantos miles de veces, al caminar por las calles de noche, me he preguntado si llegaría de nuevo el día en que ella estuviera a mi lado: miradas tan anhelantes las que dediqué a los edificios y estatuas, tan ansiosas, tan desesperadas, que ahora mis pensamientos deben de haberse convertido en parte integrante de los propios edificios y estatuas, deben de haberlos saturado con mi angustia. Tampoco podía por menos de pensar en que, cuando habíamos caminado uno al lado del otro por aquellas calles sórdidas, sucias, tan saturadas ahora con mi sueño y mi anhelo, ella no había observado nada, no había sentido nada: eran como cualesquiera otras calles para ella, un poco más sórdidas tal vez, y nada más. No recordaba que en cierta esquina yo me había detenido a recoger su horquilla ni que, cuando me agaché para atarle los cordones, se me quedó grabado el lugar en que había descansado su pie y que permanecería allí para siempre, incluso después de que se hayan demolido las catedrales y haya quedado barrida por siempre jamás toda la civilización latina.


Trópico de Cáncer
Henry Miller


domingo 21 de septiembre de 2008

Selén

- ¿Y qué pasa con la tercera puerta?
- ¡Ahí las cosas se ponen realmente difíciles! La Puerta sin Llave, efectivamente, está cerrada. Simplemente cerrada. ¡Y eso es todo! No tiene picaporte, ni pomo, ni ojo de cerradura, ¡nada! Mi teoría es que la única hoja de esa puerta, que cierra sin junturas, está hecha de selén fantástico. Seguramente sabes que no hay nada que pueda destruir, doblar o disolver el selén de Fantasía. Es absolutamente indestructible.
- Entonces, ¿no se puede entrar por esa puerta?
- ¡Poco a poco, muchacho! Ha habido personas que han entrado y han hablado con Uyulala, ¿no? Por lo tanto, se puede abrir la puerta.
- Pero, ¿cómo?
- Escucha: el selén de Fantasía reacciona a nuestra voluntad. Es precisamente nuestra voluntad la que lo hace tan resistente. Cuanto más se quiere entrar, tanto más se cierra la puerta. Pero cuando alguien logra olvidar sus intenciones y no querer nada… La puerta se abre sola ante él.


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En aquel momento Bastián tuvo una experiencia importante: se puede estar convencido de querer algo –quizá durante años-, si se sabe que el deseo es irrealizable. Pero si de pronto se encuentra uno ante la posibilidad de que ese deseo ideal se convierta en realidad, sólo se desea una cosa: no haberlo deseado. Al menos así le ocurrió a Bastián.
Ahora, cuando todo se hacía irremisiblemente serio, le hubiera gustado huir. Pero en aquel caso no había ya “huida”. Y por eso hizo algo que, evidentemente, no podía servirle de nada. Se quedó como un escarabajo echado de espaldas. Quería hacer como si él mismo no existiera, estarse quieto y resultar tan imperceptible como fuera posible.



La historia interminable
Michael Ende

sábado 20 de septiembre de 2008

Felicidades

De repente, sin avisar, una tarde de domingo cualquiera de trabajo en un periódico, ella se coló en su vida. Lo hizo sin hacer ruido, de puntillas, como se debe entrar en cualquier habitación. Así fueron sucediéndose las semanas mientras cada día se hacía más abundante su correspondencia electrónica. Y poco a poco, esa mujer callada, atenta, de mirada inquieta, con el reloj bonito y una destreza increíble para pintar páginas se fue convirtiendo en un ser imprescindible en sus días.

Gracias por colarte en mi vida y dejarme entrar en la tuya. Te quiero.



Place du Tertre. París

domingo 14 de septiembre de 2008

Poseída

Estaba tan absorta aclarando las copas de coñac que no se dio cuenta de que había comenzado a llover. Sólo un relámpago logró separar su mirada del jabón y el agua del fregadero. Al ver el resplandor en el cielo, cerró el grifo, dejó la copa a medio aclarar en la pila junto con el resto de la loza, se secó las manos con un paño y con una sonrisa, desapareció de la cocina.

Permaneció quieta unos instantes en el porche, junto a las macetas de geranios y nomeolvides. “La ira de Dios”, susurró al observar cómo las nubes cada vez arrojaban más y más agua. Entonces se descalzó, se quitó el delantal y el pasador plateado que recogía su tórrida melena anaranjada. Estaba lista. Dio tres pasos, entreabrió la boca y dejó que el agua la poseyera como nunca antes nadie lo había hecho.



sábado 13 de septiembre de 2008

Felicidades

Destílase este 2 en una sola tanda,
y entrambos lo apuramos.
Nadie me hubo oído. Estría urente
abracadabra civil.

La mañana no palpa cual la primera,
cual la última piedra ovulandas
a fuerza de secreto. La mañana descalza.

El barro a medias
entre sustancias gris, más y menos.

Caras no saben de la cara, ni de la
marcha a los encuentros.
Y sin hacia cabecee el exergo.
Yerra la punta del afán.

Junio, eres nuestro. Junio, y en tus hombros
me paro a carcajear, secando
mi metro y mis bolsillos
en tus 21 uñas de estación.

Buena! Buena!

César Vallejo
Trilce

Vallejo eres , con sus uves cargadas de erotismo, su intensidad disfrazada de violencia gramatical y su sensibilidad descalza (como la mañana). T'estim.

domingo 7 de septiembre de 2008

Alféizar

Juego de gotas en el cristal de la ventana. De nuevo, elijo la ganadora, la que consigue alcanzar antes el alféizar. Nunca se te dio bien elegir. Entre risas, tratas de parecer enfadado porque no soportas que una ninfa gane a Robin Hood y decides dejarme sin el arsenal de caricias que habías traído de postre. Olvidas que las ninfas conocen todos los secretos del bosque y que no me costará más que un susurro encontrar tu llave.



miércoles 3 de septiembre de 2008

Es verdad: nosotros amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar. Siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia. Y también a mí, que soy bueno con la vida, paréceme que quienes más saben de felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre los hombres es de su misma especie.
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¡Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños. El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silencioso y atento pende sobre el mar. Donde la soledad acaba, allí comienza el mercado; y donde el mercado comienza, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.
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¿A quién odia más la mujer? -Así le dijo el hierro al imán: "A ti es a lo que más odio, porque atraes, pero no eres bastante fuerte para retener".

Así habló Zaratustra
Friedrich Nietzsche