miércoles 26 de noviembre de 2008

Respirar

Ahí estaba, un infinito espejo azul, resplandeciente, abombado, hasta la nítida línea donde las aguas tocan el cielo, y este espacio inmenso le pareció aún más vasto que la cúpula de la noche cuando por primera vez había contemplado las estrellas de la bóveda celeste en toda su redondez. Miraba embelesado cómo las olas jugaban unas y otras, cómo se perseguían y empujaban, cómo una saltaba sobre la cresta de otra y después huía encrespada con una suave y traviesa risa parecida a un cloqueo, para formarse una y otra vez de nuevo, y el muchacho presintió en este juego feliz una alegría como nunca se había atrevido a soñar en las mohosas sombras de su estrecha y apartada calle de gentes pobres. Su escuálido pecho infantil se dilató con fuerza, anhelando ser más ancho, fuerte y grande para embeberse de aire y de mundo y sentir el hálito de este goce hasta lo más profundo de su sangre judía.

Stefan Zweig (II) (1881-1942)
El candelabro enterrado



Les quatre cents coups (1959)

François Truffaut

domingo 23 de noviembre de 2008

Premios


Me acaban de conceder este premio de caramelo, bueno, dos en realidad. Alicia y Nébula. Mil gracias... Me toca ser juez y repartirlo. Fer, Pequeña Delirio, Alicia y Nébula ya tenéis el galardón, así que no os puedo meter en el bombo... Mi premio es para:


Zenyzero, por Zen y Za.

_
Difícil esto de ser juez. Os dejo una canción que hoy ya he escuchado 25 veces. Espero que os guste. Besos

jueves 20 de noviembre de 2008

Espera

Vivía como un buzo bajo la campana de cristal en el negro océano de aquel silencio; un buzo que presiente que se ha roto ya la cuerda que le unía al mundo exterior y que nunca más será rescatado de aquellas calladas profundidades. Nada que hacer, nada que oír, nada que observar; el entorno de la nada, el vacío total, sin espacio y sin tiempo. Me paseaba arriba y abajo y conmigo iban los pensamientos, arriba y abajo. Pero incluso los pensamientos, por muy etéreos que parezcan, requieren un punto de apoyo, pues de lo contrario giran y giran en torno a sí mismos, en un torbellino sin sentido; tampoco ellos soportan la nada. Desde la mañana a la noche se está a la espera de algo que nunca llega. Se espera y se espera. Y no ocurre nada. Y se sigue esperando, y esperando, y esperando… y pensando, y pensando, y pensando… hasta que duelen las sienes. Y no ocurre nada. Y estás solo. Solo… Solo…


Stefan Zweig (I)
Novela de ajedrez

viernes 14 de noviembre de 2008

Dieciocho

Ambivalencia. Desataba su tiritar cuando la espera resultaba demasiado densa. Dudaba entre dientes: dieciocho segundos más o demolición y olvido inmediato. Decidía siempre lo que rechazaba: dormir aguardando, drenar la indiferencia y despertar con la aurora boreal. Duplicarse era otra opción: dejar las prisas en el dintel y convertirse en un druida sereno que descendiera hasta la fuente de las dádivas.
_


(Los que tengan prisa, escuchen desde el 03:00)

lunes 10 de noviembre de 2008

Dos

Regina… tus manos sobre mi cuello y… el olvido de tus encuentros… el olvido… de todo lo que existió… fuera de ti y de mí… ay Regina… sin pensar… sin hablar… siendo en los muslos oscuros… de la abundancia sin tiempo… ay mi orgullo irrepetible… el orgullo de haberte amado… el reto sin respuesta… ¿qué puede decirnos el mundo?… Regina… ¿qué pudo añadir a eso… qué razón pudo hablarle… a la locura… de querernos?... ¿qué?... paloma, clavel, convólvulo, espuma, trébol, clave, arca, estrella, fantasma, carne: ¿cómo te nombraré… amor… cómo te acercaré… nuevamente… a mi aliento… cómo te suplicaré… la entrega… cómo te acariciaré… las mejillas… cómo te besaré… los lóbulos… cómo te respiraré… entre las piernas… cómo diré… tus ojos… cómo tocaré… tu sabor… cómo abandonaré… la soledad… de mí mismo… para perderme en… la soledad… de los dos… cómo repetiré… que te quiero… cómo desterraré… tu recuerdo para esperar tu regreso? Regina Regina… esa punzada vuelve, Regina, estoy despertando… de ese medio sueño al que me indujo el calmante… estoy despertando… con el dolor… en el centro… de mis entrañas, Regina, dame la mano, no me abandones…

Thanks, niña gaditana


La muerte de Artemio Cruz
Carlos Fuentes

sábado 8 de noviembre de 2008

Acentúas todas mis vocales átonas cuando el granizo abofetea el tragaluz. Recompones mi contorno para ondularlo después, imaginando los cipreses de Van Gogh. Difuminas mi afonía con acuarelas que visten tu tatuaje rioja. Felicidades, marinero.

_
Morro Jable (Fuerteventura)



martes 4 de noviembre de 2008

Cedro

Cuando era pequeño me enteré por primera vez de cuánto mejor sabe el agua cuando ha pasado un buen rato en un cubo de cedro. Fresquita, con un leve sabor parecido al olor del viento caliente de julio en los cederos. Tienen que pasar seis horas por lo menos, y hay que beberla con calabaza. El agua nunca se debe beber con nada de metal. Y de noche todavía sabe mejor. Entonces muchas veces me quedaba tumbado en el jergón, en el zaguán, esperando hasta oír que todos se habían dormido para levantarme y volver al cubo. Está oscuro, la quieta superficie del agua era un orificio redondo en la nada, donde antes de agitarla y despertarla con el cacillo a veces veía una estrella o dos en el cubo, y hasta que puede que en el cacillo, antes de beber, una estrella o dos.
-



Mientras agonizo, William Faulkner

domingo 2 de noviembre de 2008

Intermitente

Todos los elementos se confabulaban contra él de forma aleatoria. Entonces no le quedaba otra opción más que refugiarse en su capa de invisibilidad. Allí permanecía varios días, alimentándose de bayas en forma de claves de sol, consonantes y vocales. Era intermitente, como el granizo, la estela del faro, el agua caliente en la ducha abuhardillada, tus caricias en mi cama, el naranja del semáforo, las luces del árbol de navidad, el limpiaparabrisas, mis llamadas, la sonrisa de la vecina del tercero, los ladridos de aquel pastor alemán, tus silencios, la tos de María, las fiestas en la casa encantada, el tarareo de Manu, tus viajes a Sevilla.
-

Thanks, Harry Haller