domingo 28 de diciembre de 2008

Picatoste

“Querer no es poder cuando hablamos de dos”, pensó mientras arrojaba un picatoste a la taza de consomé. “Puedo querer y quiero quererte y que me quieras querer mientras quieras quererme como te quiero”, tarareó a la cucharada de caldo de pollo. De repente, el cubierto tembló en su mano y se precipitó sobre su vestido de lunares marrones y lilas. Como activada por un resorte, Candela se levantó del taburete y se dirigió al salón. Llamaban al teléfono.


Moni Pérez

domingo 21 de diciembre de 2008

Búsqueda

Y lo que viera entonces, nunca lo olvidó. Sobre todo, le llamaron la atención unos niños que iban a la escuela, unas palomas de color azul oscuro que bajaban volando desde los tejados a la acera, y unos bollos, espolvoreados de harina, que exponía una mano invisible en un escaparate. Esos bollos, esas palomas y esos niños eran algo prodigioso. Uno de los niños se acercó a una paloma y, sonriendo, miró a Levin. La paloma movió las alas y echó a volar brillando al sol entre el vacilante polvo de nieve que había en el aire, mientras que, desde el escaparate, salió un olor a pan recién cocido y una mano expuso los bollos. Todo aquello era tan agradable que Levin se echó a reír y se enterneció de alegría.


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Entre las ocupaciones predilectas de Serioja figuraba la de buscar a su madre durante el paseo. No creía en la muerte en general y aún menos en la de su madre, aunque se lo dijera la condesa Lidia Ivanovna y papá se lo hubiese confirmado. Por eso, aun después que le hubieran dicho que había muerto, Serioja la buscaba cuando salía a pasear. Toda mujer llena, graciosa y de cabellos oscuros le parecía su madre. En cuanto veía una mujer así se elevaba en su alma un sentimiento tan tierno que se ahogaba y se le llenaban los ojos de lágrimas. Y esperaba que ella se le acercase en seguida, levantándose el velo. Entonces veía toda su cara; ella le sonreiría, lo abrazaría, y él percibiría su perfume y la suavidad de su mano. Se echaría a llorar de felicidad, como una noche en que se arrojó a sus pies, y ella le hizo cosquillas, mientras él se reía mordiéndole la blanca mano cubierta de sortijas.

San Petersburgo


Ana Karenina
Leon Tolstoi

sábado 13 de diciembre de 2008

Penumbra

Las cumbres de mis dedos, el reverso de tu pie, mi cadencia, tus susurros, el repiqueteo en mis muñecas, los nudos de tu espalda, mi crepitar contenido, tus ansias amordazadas, insomnio elegido, cuerpos trenzados en espiral.

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lunes 8 de diciembre de 2008

Rumiante

Como impulsada por una fuerza violenta, quise recorrer todos los sitios donde habíamos estado juntos el día anterior: el banco del jardín del cual le alejé arrastrándole, la sala de juego donde le vi por primera vez, incluso aquella inmunda covacha del hotel desconocido y equívoco; deseaba revivir una vez más las horas pasadas. Al día siguiente, pasearía en coche por la Corniche; siguiendo la misma ruta, a fin de resucitar en mí el recuerdo de cada gesto, de cada palabra…; sí, tan insensato y tan infantil era mi trastorno interior. […]Despertada bruscamente de aquella tumultuosa sucesión de episodios, deseaba, por lo mismo que fueron tan fugaces, revivirlos, gozarlos de nuevo minuciosamente, apelando a ese autoengaño que llamamos recuerdo. En fin, éstas son cosas que se comprenden o no se comprenden. Quizá para comprenderlas se necesita un corazón apasionado.

Stefan Zweig (III)
Veinticuatro horas en la vida de una mujer
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Miguelanxo Prado


jueves 4 de diciembre de 2008

Felicidades


La habitante de la litera de arriba hasta los catorce años y de la de abajo hasta los 23; co-creadora del universo de fantasía que tanto enervaba a mamá, “¡Mami!, ¡no limpies ahí, que esa estantería es la casa de Ding Dong!”; la muchachita que mejor cogía los apuntes en clase, con una letra muy personal; fan número uno del spinning, siempre que sea por la tarde, y de las “cantaditas", con las que vuelves a casa acompañada de la luna, feliz tras el trabajo bien hecho en las ondas; mi mecenas musical hasta en Valladolid; el confeti de todas las fiestas, que regala sonrisas quitanieves, y desde hace unos meses, nueva sirena de la isla de los volcanes. Muchas felicidades, tata. Te quiero.