-¿Tú sabes a dónde vas, Isabel?
-En este momento, a la cama -dijo Isabel con persistente frivolidad.
-¿Tú sabes hacia dónde estás derivando?-siguió Henrietta, sosteniendo delicadamente su sombrero.
-No, no tengo la menor idea, y me resulta muy agradable no saberlo. Un coche veloz en una noche oscura, traqueteando con cuatro caballos por caminos que no se ven: ésa es mi idea de la felicidad.
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Retrato de una dama (1881)/ Henry James
