El cacareo de un gallo explotó en la habitación. “¿Dé dónde ha salido ese gallo?”, pensó Tristán malhumorado mientras se desperezaba. A ciegas, buscó el interruptor de la lamparita. Pero su mano ni siquiera encontró la mesilla. “¿Estaré tumbado boca abajo?”, se dijo.
Decidió levantarse y dirigirse hacia la ventana para ver si había amanecido. Intentó descorrer las cortinas pero éstas habían desaparecido. “Quizá Julita las echó a lavar ayer, aunque yo juraría que anoche estaban puestas”, pensó Tristán mientras trataba de subir la persiana. Tampoco estaba la cuerda. Sus dedos comenzaron a recorrer despacio los bordes de la ventana.
“Esto no es aluminio”, exclamó en voz alta para ahuyentar la extraña sensación de miedo e impotencia que comenzaba a anudarse a su estómago. En lugar de la suavidad del aluminio blanco de Climalit, Tristán se encontraba ante unas rústicas contraventanas de madera. Empujó con suavidad las hojas y un tétrico chirrido acompañó a su movimiento. Sin dejar de temblar, se asomó a la ventana.
domingo 26 de julio de 2009
lunes 13 de julio de 2009
Ceguera
Sequía creativa. Basta. Mente en blanco. Respirar hondo, despacio. Eso siempre viene bien, según Él. Querer no es poder. Tecleas mientras tus pies se asoman al suelo desde la cama. El Principito te mira desde la pared. En realidad no se fija en ti. Su mirada está perdida en otro planeta, quizá en el que vive un rey que no hace más que contar su fortuna. Calor, mucho, aunque no tanto como en Delhi. Miseria, niños descalzos. Una pequeña se contorsionaba en un semáforo mientras su madre tocaba un tambor. El cuerpo de la niña bailaba y su mirada estaba vacía. Seca. Inerte con seis años. Murió antes de nacer. Y tú te quejas de la sequía creativa, cuando esa niña ni sabe leer ni escribir, ni cenará esta noche. Wonderful world.
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