Cuando vieron que ya nadie les seguía, se detuvieron en una fuente, lejos del mercado.
-“¿Por qué has hecho eso, niño?”, preguntó Tristán.
-“Me llamo Lázaro, como mi padre”, repuso él. “Ha dicho que tenía hambre, ¿no? Pues algo tendrá que comer, digo yo”, añadió.
-“Pero robar es un delito, Lázaro”, contestó Tristán, completamente extenuado tras la carrera. “Anda, bebe un poco de agua”.
-“¿Quiere conocer a mi padre?”, le preguntó Lázaro, mientras comenzaba a caminar.
-“Por qué no”, le contestó Tristán y le siguió. Se detuvieron frente a una herrería. En ella vieron a un anciano trabajando penosamente en el yunque.
-“Es mi padre”, dijo Lázaro. “Padre, traigo a un amigo que nos puede ayudar”, explicó el niño al anciano mientras entraba en la herrería. Tristán le siguió. El herrero le miró.
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